Las clásicas flamencas tienen una mística especial. Sus ascensiones, repletas de historia y aura, enamoran a propios y extraños cada año debido a sus porcentajes imposibles y a sus exigentes adoquines. Por ello, durante el mes de marzo y abril, los aficionados realizan su particular peregrinación hacia una región de Flandes que acoge a la mayor parte de las estrellas del pelotón.

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