Estás en pleno ‘arranca-para’ del tráfico, miras a tu izquierda y no te cabe ninguna duda de que esos coches avanzan con más ‘alegría’. Decides cambiarte. En cuanto lo haces, el carril que abandonaste parece que empieza a moverse con más soltura, mientras el tuyo da la sensación de frenarse. La escena la viven a diario miles y miles de conductores, sobre todo en ciudad. Todos llegan a su destino con la sensación de que pasaron demasiado tiempo en el carril incorrecto. Pero la realidad no es esa que se ha instalado en nuestro cerebro, sino otra.

