La primavera ciclista se explica a través de la Volta Catalunya, una carrera siempre escarpada que atrae a grandes corredores porque entienden que pocas competiciones ponen tan a tono como esta, de entretiempo y carretera hacia arriba, paisajes pictóricos junto al mar o en lo alto de una cima. Pogacar, el extraterrestre sobre dos ruedas, ya la ganó hace dos cursos y el año pasado se coronó Roglic tras una pugna feroz con Ayuso que solo se resolvió en las últimas colinas de Montjüic, juez exigente y exigido de la prueba. Ausentes los eslovenos, levanta el dedo Jonas Vingegaard, ganador de dos Tours que llega con la flecha hacia arriba, imperial en la París-Niza con tres maillots en el bolsillo, incluido el de campeón. Pero el favoritismo, proclaman desde los otros equipos, no garantiza el triunfo. Y menos con los corredores que pidieron dorsal para la cita.

