Los puristas y tradicionales de la vela y sus regatas, y no solo los que aprendieron a imaginarse la vida leyendo a Salgari, Conrad o Allan Poe y se empaparon de los términos marineros, y su universo sin fronteras, consideran un sacrilegio la SailGP, sus barcos con foils que vuelan y no navegan, su insistencia en llamarle fórmula 1, su miedo a usar el lenguaje del mar que crea su mundo, nudos, yardas, pies, millas, rolar, timón, la caña, regatas, y sustituirlo por kilómetros hora, metros, volante, conductor, carrera. Lo aceptan y culpan de la deriva porque es la evolución de la especie, y así será, y también aceptan, aunque frunzan el ceño, que cada vez haya más mujeres en el foil y que Larry Ellison, el dueño del circuito, haya fijado una cuota femenina y obligue a cada una de las nueve embarcaciones gigantescas y veloces a contar con una mujer entre sus seis tripulantes.

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