A principios del mes de enero, el Barcelona tomó la decisión de ejecutar la opción de compra que tenía sobre Marcus Rashford. El rendimiento del inglés había sido excelente en la primera mitad de la temporada, por lo que el club quería quedarse con él, teniendo en cuenta que el precio ya pactado de 30 millones era muy bueno para un delantero con tan buenos registros. Sin embargo, no se hizo efectiva porque la Dirección Deportiva quería ver su rendimiento en los siguientes meses.

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