La fiesta fue fiesta, pero menos fiesta de lo que se esperaba y se hubiera deseado. Esta Laver Cup que ya termina inscribe por fin en el escueto historial del torneo –creado en 2017 por Roger Federer, con el soporte de su agente, Tony Godsick– el nombre del Equipo Mundial. Después de cuatro triunfos consecutivos del combinado europeo, la fortuna cayó del otro lado y de ahí el gesto torcido del suizo, al que por mucho que ya esté oficialmente al otro lado de la barrera–el de los exjugadores– y que priorizase el tono festivo de estos días, aún se le inflama la vena competitiva. Perder todavía le escuece, y siempre le escocerá. En Londres, dos inoportunos villanos.

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