Como cada domingo vi partir a mi padre y mi abuelo materno hacia La Romareda. En casa era un ritual sagrado. Esa tarde de 1993 jugaba el Real Zaragoza en casa contra el Atlético de Madrid. Por desgracia, jamás llegaron a ver el partido. En el café donde solían parar de camino al estadio, mi abuelo sufrió un infarto. Son de esas noticias que te golpean porque no las ves venir. Son de esas cosas que impactan porque yo tenía 11 años y supongo que a partir de entonces empezó otra etapa en mi vida.

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