Me llamo Marta, tengo 32 años, soy educadora social y quería contar cómo el fútbol me ayudó en uno de los últimos trabajos que realicé en Cáritas: tutelar un piso que la organización habilitó al inicio de la pandemia para 14 personas sin hogar en Murcia. Una de mis tareas era ocuparme de la buena convivencia de todos. No había nada mejor que esos fines de semana en los que nos reuníamos delante del televisor para ver LaLiga. Unos eran del Real Madrid, otros del Atlético de Madrid, otros del FC Barcelona… Y en vez de generar conflictos, o piques, ese ritual de juntarnos para vivir fútbol ayudaba a limar asperezas. Los días de partido eran una fiesta; la vida en común era pura armonía.

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