<strong>No existe partido más mítico en la historia del baloncesto español que el celebrado el 24 de agosto de 2008 en el Gimnasio Olímpico de Baloncesto de Pekín</strong>. Con esa carta de presentación pocas palabras hacen más falta: la final de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, <strong>dónde España soñó con tumbar a la versión ‘2.0’ del ‘Dream Team’ de los Estados Unidos de América.</strong> No pudieron con el mejor equipo jamás presentado a una cita universal desde el de 1992, en un choque de altos vuelos, lleno de polémica (los pasos de salida siguen haciendo daño) y con imágenes icónicas como el mate de un Rudy Fernández con ‘cara de niño’.

