A 70 kilómetros de la llegada, Wollongong soleado, tarde primaveral en Australia, Remco Evenepoel, casco rojo de la Vuelta, y zapatillas rojas también, piernas de pólvora, salta. Se cuela en un a escapada de 25 provocada por los franceses. Comienza su show, el recital de un fenómeno prodigioso que a los 22 años va, imparable, camino del arcoíris, y lo alcanza. A 50 kilómetros, su grupo ya tiene más de dos minutos de ventaja sobre el gran pelotón de los demás fenómenos, que esperan. Se despiertan a 42 kilómetros, en el repecho del Monte Pleasant, el monte placentero, el monte del placer, lo más duro. Es un breve sueño que les deja a un minuto del grupo de Evenepoel, que se rearma y rearma a los suyos, a dos compañeros belgas, Serry y Dewulf, que le trabajan. A 34 kilómetros, segundo gran ataque de Remco, el belga de Aalst, a dos vueltas del final. Solo le aguanta el kazako Lutsenko, que se agarra, que se pega a su rueda, que se suelta a 25, vuelta y media, Monte Placentero again. Pierde un metro, tres, 10. Remco ya está solo.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *