Por una mera cuestión de cortesía con el torneo, Rafael Nadal eludió confirmar que abandonaba la Laver Cup durante la charla en petit comité con los periodistas pese a que al retroceder hacia el vestuario el subconsciente ya estaba empujándole directamente hacia el avión de regreso a Manacor. “Tengo que volver a la habitación y pensarlo bien, porque tengo un conflicto interno bastante importante… Supongo que cuando terminen todos estos momentos de emoción, veré qué debo hacer”, decía después de la conmovedora despedida a su amigo Roger Federer y de hilvanar una de las elocuciones más a flor de piel que se le recuerdan, si no la que más. Sencillamente, el balear se desnudó.
FINAL DE CURSO ENTRE INTERROGANTES
A pesar de que a la Laver Cup le quedaban dos jornadas por delante, Nadal optó por volver a casa a primera hora de ayer. El esfuerzo de haber acudido a la cita del O2 de Londres responde única y exclusivamente a que el homenajeado era Federer.
“Para mí era importante estar aquí, porque sabía lo importante que era para él. Tengo una relación personal bastante estrecha desde hace tiempo y hablamos habitualmente”, expuso el mallorquín, que en este último viaje ha estado acompañado por su círculo de confianza pese a tratarse de un desplazamiento exprés, un ida y vuelta en un margen de 48 horas.
Ahora, el tenista se concentrará en sus asuntos personales y solo una vez que estén resueltos, se planteará qué hacer de aquí a final de curso. En un principio, Nadal tenía previsto participar en el Masters 1000 de París-Bercy (del 31 de octubre al 6 de octubre) y posteriormente (del 13 al 20 de noviembre) en la Copa de Maestros de Turín, para la que se clasificó durante el US Open.
Además, el actual número tres del mundo tiene planificado acudir a una serie de exhibiciones en Sudamérica. Si mantiene la idea, el 25 de noviembre se enfrentará a Alejandro Tabilo en Santiago de Chile y el 27 de noviembre jugaría contra el noruego Casper Ruud en Quito (Ecuador). La hoja de ruta también incluye paradas en Argentina, México y Colombia, aunque todo está en el aire.
Hace tres años fue Federer el que se desplazó a Latinoamérica para desfilar por países como Argentina, Chile, Colombia, México y Ecuador. “Tengo salud y la vida sigue, todo es genial”, apuntó el de Basilea en la velada del viernes, fecha de su adiós. “Esto no es el final por completo, estoy feliz”.

