Pese a la estrella de campeón del mundo que luce en su pecho, de un tiempo a esta parte un sector de la afición sólo tenía en cuenta sus errores defensivos mientras miraba a un lado ante su aportación al ataque, sobrepasando incluso a veces la línea roja de la mofa. Tampoco se lo pusieron fácil los que internamente le empujaban a una salida el pasado verano por más que su deseo siguiera siendo el de triunfar en el Atlético. Aceptando todas las críticas, con la confianza intacta de Simeone y avalado por el vestuario, Nahuel Molina nunca levantó la voz, sino que optó por dar tres asistencias frente al Barcelona, otra contra el Real Madrid, marcar un gol en el Parque de los Príncipes al PSG que conquistó la Champions… Y así hasta sacar de banda frente al Getafe, seguir la jugada, robar un balón y ponerlo en la escuadra con una parábola de videojuego. No pasa nada, nunca es tarde para subirse a su barco.

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