En un verdadero circuito de F1, con largas rectas y curvas técnicas, los nuevos F1 se ven perezosos y sin auténtica sensación de competitividad. No es ya una cuestión de quién domina o no, sino de monoplazas que parecen coches menores y donde la esencia se ha evaporado. Es el primer fin de semana Sprint y los Libres 1 del GP de China parecían un entrenamiento de una prueba de resistencia, un espectáculo lamentable y sin aliciente alguno, condicionado por una potencia limitada en estos nuevos vehículos y unos motores híbridos dirigidos y peor que optimistas, sino más bien utopistas.

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