Acostumbrado a que su equipo domine los partidos, el madridista siempre miró con desprecio el contraataque, como un modo casi desleal de buscar la victoria dejando que el rival se vuelque en su área para cazarle ‘a traición’. Di Stéfano decía que se puede ganar remontándose con el águila o arrastrándose como una serpiente, “y es más elegante lo primero, ¿no?”. Sólo entendía el derecho al contraataque a partir de adelantarse en el marcador, “el primer gol vale por tres”, obligando al rival a abrirse.

