Tras una jornada marcada por las caídas y los abandonos, la calma y el buen tiempo llegaban a la París-Niza. El menú del día estaba compuesto por 206 kilómetros y tres platos: la Côte de Sécheras, la Côte de Saint-Jean-de-Muzols y la Cota de Saint-Barthélémy-le-Plain. La exigencia era notable y Jonas Vingegaard lo sabía; por ello, la formación neerlandesa tomó la decisión de salir con la clara intención de dar la estocada final en la clasificación general.

