Ahora que por el hemisferio norte empieza a asomar el sol y las temperaturas comienzan a ascender, llega el momento de las bicicletas. Ese pequeño prodigio de la tecnología y, sobre todo, de la coordinación humana. Montar en bicicleta parece sencillo, pero no lo es. Mantener el equilibrio al tiempo que se pedalea con ambas piernas y se dirige el vehículo aporta una curiosa sensación de libertad y decisión. Una sensación que es heredera de ese preciso instante de la infancia en el que las ruedas de apoyo —los ruedines en el habla popular— son retiradas y avanzamos, ya dependiendo de nosotros mismos, hacia todo lo que está por venir en el futuro. La impresión de ese momento es tan profunda que, dicen, uno nunca se olvida de cómo se monta en bicicleta.

