Ver a Messi en el despacho Oval más o menos al tiempo que Trump desencadenaba los demonios en el Golfo Pérsico produce alipori. Antes pasó por allí Cristiano y no sé cuántas veces Infantino, parte ya del ‘atrezzo’ como hombre-flexo siempre dispuesto a la inclinación reverente. Trump se ha encaprichado con el fútbol, ya lo vimos en el Mundial de Clubes, cuyo trofeo se quedó tras mezclarse indebida y pertinazmente en la foto de los campeones, que al final se llevaron una copia. Infantino lo ha puesto a sus pies y Messi y Cristiano le secundan. Más allá de la opinión que cada cual tenga de Trump y lo que está haciendo, yo no veo qué hace tanto fútbol en ese despacho si no es empaparse del mal gusto que allí se respira.

