El Valencia Basket lo tuvo en la mano. Muy cerca, casi saboreando el pase a la final, pero el baloncesto es diferente y dos momentos de inspiración de Súper Mario Hezonia acabaron con el partidazo local y la exhibición de Montero, un jugador enorme. Las lágrimas innundaron la grada de un Roig Arena que se veía metido de lleno en la pelea por acabar con la maldición que persigue ya un par de décadas al anfitrión. Valencia quería tener la opción de romper el gafe, pero se esfumó en un instante. 

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