La acción pasó desapercibida ante los ojos del mundo. En la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de invierno, amalgama de luces, color y banderas nacionales sobre el césped del imponente estadio de San Siro, una mujer rusa, Anastasia Kucherova, simbolizó un pequeño acto de resistencia contra la beligerancia de su propio país.

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