Cuando cualquier otro habría enloquecido al alcanzar una de las gestas más inesperadas de su carrera, Sergio Scariolo mostró una calma sorprendente. Al finalizar el partido, el seleccionador español se mantuvo impertérrito. Acudió a saludar al equipo francés y, sin un solo gesto que transmitiera felicidad, se marchó hacia el vestuario.

