Para el libanés Samer Tawk estar en la línea de salida de la prueba de 10 kilómetros de esquí de fondo en los Juegos de Milán-Cortina es ya una medalla. Hace siete años estaba en la cama de un hospital preguntándose si algún día podría volver a caminar. Salvó la vida tras una caída de 14 metros por un acantilado mientras esquiaba en su país en 2019, pero le produjo múltiples y graves fracturas en los brazos y las piernas. Después llegarían nueve operaciones, la pérdida de 17 kilos de músculo y la noticia de los médicos: nunca podría volver a esquiar. Pero con su coraje, resiliencia y perseverancia, Tawk desafió a todo y a todos y ha vuelto a unos Juegos Olímpicos. 

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