Ser Benoit Richaud en los Juegos Olímpicos es un estrés. Además de tener un vestidor del tamaño de una vedette. Al coreógrafo y entrenador francés, el más rutilante del momento, se le ha podido ver estos días con varias vestimentas de los equipos nacionales, en función del patinador que entraba en escena. Lo raro es que no se haya equivocado nunca. «Lo que hago es dejar la chaqueta en el vestuario del patinador y si no me la sujeta alguien del equipo», explica. Trabaja para 16 de ellos de 13 países distintos. Desde Estados Unidos a Georgia o China.

