Lucas Eguibar ha acabado en todas las ediciones olímpicas con el gesto contrariado. Y por el suelo. Pero el miércoles en el Snowpark de Livigno está dispuesto a cambiar el relato. Lo intentará desde la autoridad que da haber sido campeón del mundo en 2021, cuando el Coronavirus amenazaba, aquellos tiempos donde cualquier éxito requería un doble esfuerzo.

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