Después de dos sinsabores, Marco Odermatt, el mejor esquiador del planeta, buscaba su primera medalla de oro en los Juegos. Cuarto en el descenso y bronce en la combinada, gracias a una plata compartida, el suizo atacaba en la pista Stelvio de Bormio el supergigante. Y también su primer metal olímpico en velocidad.

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