La fiesta, una más, diaria de Noruega en los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina dio un giro insospechado en la zona mixta del Anterselva Arena. Estaba Sturla Holm Laegreid, el bronce en la prueba de 20 km, hablando de su medalla cuando el rictus le cambió y con lágrimas en los ojos entonó un discurso que no estaba en el guión ante la cámara de la televisión noruega NRK.

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