Con el periódico en la mano todos sabemos sin ningún género de dudas qué se debería haber hecho el día anterior. Por ello, no extraña que hayan menudeado las opiniones, es de suponer que bienintencionadas, en el sentido de que no se debería haber dejado a Lidnsey Vonn competir en el descenso olímpico. Su caída en la cuarta puerta y sus gritos de dolor son suficiente argumento para avalar esa postura: quizá una autoridad superior debería haberle impedido competir lesionada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *