Pocos hitos en la historia del deporte han acabado peor que el protagonizado por Debi Thomas, la primera mujer de raza negra que conquistó una medalla en unos Juegos Olímpicos de Invierno. Tampoco lo había logrado ningún nombre anteriormente cuando en 1988, en Calgary, en el Saddledome, completó el podio individual en la prueba de patinaje artístico junto a la intocable Katarina Witt, a la que había ganado en el Mundial de 1986 en su única gran derrota en cinco años, y la menuda canadiense Elizabeth Manley. Su éxito fue sonado; su miseria acabó con una medalla de bronce histórica vendida en el mercado de segunda mano.

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