Después del caos ante el Rayo estaba cantado que Camavinga y Valverde iban a avanzar su posición para pasar de los laterales al centro del campo. Si el Real Madrid se gasta el dinero en fichajes es para que jueguen, y Arbeloa ha tomado nota. Por desgracia, también estaba cantado que la presencia de ambos en el medio difícilmente se traduciría en una mejoría del juego del Madrid, porque ni el francés ni el uruguayo tienen fútbol para sostener al equipo. Así que la primera parte ante un Valencia resignado a guarecerse en su 5-4-1 fue de nuevo soporífera. El fútbol de los blancos sigue siendo gris, plano y tristón. No hay síntomas de mejoría. Juegan de forma funcionarial, como a cámara lenta, sumando pases al pie sin que nadie se desmarque y con una falta de dinamismo difícil de entender con las condiciones físicas de gente como Tchoauaméni, Camavinga o Valverde. También cuesta creer que además de no moverse sin balón, a excepción de Mbappé, no ganen nunca las segundas jugadas. Cuestión de actitud. De falta de actitud. No de físico.

