Todas las miradas hoy estaban puestas en ella, en Lindsey Vonn. La estadounidense, de 41 años, iba a competir en el Descenso de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina con el cruzado roto de la rodilla izquierda. Su quinta participación olímpica. Muchos decían que era una locura. Otros hablaban de una temeridad porque Vonn, además, estaba operada de la derecha. Pero ayer, en el último entrenamiento, la leyenda marcó el mejor tercer tiempo e hizo soñar con la gesta.

