A Vinicius le bastaron 15 minutos para dar la vuelta a un ambiente del Bernabéu que comenzó otra vez difícil para él: pitada fuerte cuando fue nombrado en las alineaciones y otra vez bronca cuando tocó el primer balón. Sin embargo, el brasileño se puso pronto manos a la obra para revertir la situación. Para ello, encontró la complicidad de una buena parte de la grada, con ganas de tregua y de dejar las viejas rencillas a un lado.

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