Hay mucha literatura sobre las rachas de los goleadores en el fútbol: que si van y vienen, que aparecen como se esfuman, que una vez que se rompe la mala suerte llegan todos juntos, que si patatín, que si patatán. Lo cierto es que Lewandowski ha aterrizado en el Barcelona con un saco de dianas (nueve en los primeros seis partidos) y se quedó mudo en el séptimo. Nada raro en un artillero. El problema es que lo hizo en el lugar menos deseado por el Barcelona y, sobre todo, por él: el Allianz. El delantero se secó en su antigua casa. Y eso que lo intentó. Pero cuando no le falló la puntería aparecieron las manos de Neuer. Lewandowski no aprovechó su momento, sí el Bayern, que volvió a dejar sin nada al Barça, ahora con el polaco en sus filas.

