El Madrid naufragó en Lisboa evidenciando una deriva preocupante. Da la sensación de que el barco navega sin rumbo, de que no encuentra el norte. Los brotes verdes enseguida se marchitan. Esto provoca una lógica confusión y un cuestionamiento de todo. Hay nervios e incertidumbre. Quienes pueden revertir la situación son los jugadores. Y quien debe espolear a los futbolistas, llegados a este punto, es el presidente.

