La selección de baloncesto, en otra<strong> gesta que recordaremos para los almanaques de prodigios del deporte español</strong>, enderezó un partido medio perdido para entrar por <strong>undécima vez consecutiva</strong> en unas semifinales del Europeo, con los cuatro mejores. Desde 1997 no falla en esa mesa tan exclusiva. Cosas así sólo las hacía la URSS cuando éramos muy jóvenes. Da un poco igual quien juegue, si la selección es carne de ÑBA o más mundana, si van jóvenes o veteranos. No hay Españas de transición cuando el sello es competir. La Familia, con otra lección de <strong>Rudy Fernández</strong>, el único con los cinco oros como eslabón de una cadena irrompible de éxitos, nunca falla. Dios salve a Scariolo, por cierto.

