Corría el minuto 45 de la primera parte de la<strong> final de la Champions entre el Real Madrid y el Bayer Leverkusen</strong>. Raúl había marcado en el minuto 8 siendo, un examen más, el más listo de la clase, y Lucio había empatado en el 13′, de cabeza. Y cuando ese fervor de la adolescencia de la final parecía haberse sosegado y todo el mundo esperaba al descanso, sucedió.

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