España no tiene tiempo para tomar posiciones con tranquilidad en el Europeo de balonmano. El recorrido que afronta no le concede ese tipo de licencias. El primer rival, Serbia, era ya una victoria casi obligada, y sin el casi, para alimentar las esperanzas teniendo en cuenta el amenazante ramillete de contrarios que asoma. O, al menos, para no quedarse sin margen de error. Y lo mismo se puede decir del choque de este sábado (18.00, Teledeporte) contra la Austria de Iker Romero.

