La mejor noticia del partido en Yeda se produjo en el minuto 93. Hansi Flick sentó a Lamine Yamal —así de seguro estaba de que iba a ganar— y le dijo a Ronald Araujo, que llevaba un mes y medio de baja, que se quitara el peto. El central uruguayo no pisaba hierba desde que el 25 de noviembre un error suyo arruinó el partido contra el Chelsea en Champions. Los demonios, el recuerdo de otros fallos y el veneno de las redes sociales le trituraron la confianza. Tuvo que parar. Se fue a Jerusalén en busca de un alivio espiritual. El domingo salió, volvió a ayudar al equipo en un momento crítico —solo dos minutos, pero imaginen que un error le cuesta el partido al Barça— y terminó fundiéndose en un abrazo con un Laporta emocionado y manteado por sus compañeros, que le dieron el brazalete para que levantara la copa, como lo había hecho Abidal después de sufrir un cáncer años antes.

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