Los defensas de Camerún solo pudieron frenar a Brahim Díaz haciéndole faltas. No dejaron de hacérselas. Una tras otra, pues el malagueño, nacionalizado marroquí, se empeñó en pedir la pelota para iniciar las jugadas lo mismo que para desequilibrar en el último tercio, una vez tras otra, en todas partes, sin descanso en una exhibición de responsabilidad, coraje y habilidad física que transportaron a su selección hacia su primera semifinal de Copa de África desde 2004.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *