Álvaro Morata no atraviesa su mejor momento, precisamente. El 2026 ha llegado lleno de propósitos para olvidar el que ha sido su peor año en lo futbolístico. El capitán de la Selección sigue corriendo y luchando cada balón como siempre, pero sin encontrar el premio del gol, que da sentido a su fútbol; cada ocasión fallada pesa como una losa, y cada gesto de frustración se ha hecho espejo de un delantero atrapado entre la exigencia, la crítica eterna y la sensación de que el esfuerzo no le premia con la bendición de volver a ser el goleador de siempre. 

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