Al final, después de todas las idas y venidas en el Mundial, España llegó a la última estación dependiendo de sí misma para pasar a cuartos. Montenegro apalizó a Serbia (33-17) a primera hora de la tarde y eso colocó a la selección en disposición de dar el gran golpe. Tenía que ganar a un equipo anfitrión, invicto e intratable en el pabellón repleto de Dortmund. Parecía demasiado tomate, y lo fue.

