El Bayern de Kompany necesitaba un impulso anímico tras el golpe de la Champions y se encontró con un St. Pauli que, lejos de amedrentarse, llegó al Allianz como el mejor inicio liguero de su historia… y dispuesto a demostrar por qué. Los piratas abordaron Múnich sin pedir permiso y en seis minutos ya habían puesto patas arriba el templo bávaro: robo de Pereira a Kimmich, pase a Hountondji y definición del pichichi pirata ante un Neuer vendido. Golpe duro y helado, casi tan crudo como el clima muniqués.

