Con casi todos los sospechosos habituales sobre el pasto, Molina, Lenglet, Gallagher o Sorloth, y con un ‘outsider’ como protagonista, Raspadori. Con un equipo que a esas alturas podía parecer de circunstancias, el Atlético rescató en Getafe puntos que parecían escaparse. Fue cosa de que Baena la pusiera con el exterior y de que el italiano intentara devolverla desde el segundo palo al corazón del área, para que Domingos se ofuscara en el afán por despejar y terminara firmando la única diana de una velada que se hubiera dirigido sin mayor problema hacia el empate sin goles de no ser porque el equipo rojiblanco siente la extraña necesidad de adelantarse en cada uno de sus partidos ligueros. En este caso, que no en todos, adelantarse fue ganar.

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