Mientras Kharen Khachanov saluda de manera protocolaria a la grada que previamente le ha negado su apoyo, las esquirlas de grafito saltan por los aires y se esparcen por la pista. Nick Kyrgios, colérico, destroza la primera raqueta y no conforme, descarga contra el suelo una segunda de forma violenta. El australiano acaba de perder (7-5, 4-6, 7-5, 6-7, 6-4, en 3h 39m) y quedarse, por tanto, a las puertas de las semifinales de Nueva York, donde se esperaba mucho de él y la historia, su particular historia, termina como casi siempre: de mala manera.

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