El efecto Lewandowski se ha desatado en el Barça al mismo tiempo que el síndrome Lewandowski comienza a percutir sobre el Bayern, su exequipo, que ha empatado los dos últimos partidos. El entrenador, Ralf Nagelsmann, no cesa de contestar a una pregunta que le revienta. “¿Hasta qué punto sufre el Bayern la ausencia de Lewandowski?”. Xavi Hernández, en cambio, era un hombre feliz después de la victoria en el Sánchez Pizjuán, donde Lewandowski marcó un gol —el quinto en cuatro partidos— y cambió el signo del partido.

