Anfield volvió a desnudar al Madrid. En un escenario que tantas veces fue símbolo de épica, el conjunto blanco se vio empequeñecido por un Liverpool que lo superó en intensidad, ritmo y convicción. Entre el ruido de la grada y el temblor de una noche europea, emergió un Xabi Alonso más preocupado por proteger al vestuario que por explicar un naufragio que, pese al resultado, dejó demasiadas señales de alerta. Su refugio fueron los “detalles”, esos mismos bajo los que intentó ocultar un partido en el que su equipo fue inferior en casi todo.

