Solventado el feo episodio de la pataleta de Vinicius con mucha inteligencia, alguna mentirijilla y no pocas dosis de paciencia por parte de Xabi Alonso se le acumulan las buenas noticias al Real Madrid después del Clásico. Entre todas ellas, ninguna como el renacimiento de Jude Bellingham. El inglés vuelve a ser el del primer año de blanco, antes de que una mala lesión de hombro y una peor decisión de mantenerle jugando muy mermado durante meses interrumpiera de forma abrupta el aterrizaje más impactante que ha conocido el Real Madrid en 123 años de historia. Por fortuna, aquel futbolista superior con un despliegue físico privilegiado y un repertorio de soluciones aplicadas al juego como pocos jugadores manejan en la actualidad está de regreso. Que su mejor versión en los dos últimos partidos haya coincidido con las dos mejores primeras partes que ha completado el Madrid de Xabi Alonso es consecuencia directa, no casualidad. Ante el Barcelona se movió más por la derecha y frente al Valencia lo hizo más por la zona izquierda, aunque en realidad su radio de acción abarca toda la zona ancha y el balcón del área. Jugando así uno tiene la impresión de que el campo se le queda pequeño.

