Tiene 12 años y los cordones cubiertos de barro. En el aeropuerto de Barajas le espera Zinedine Zidane, quien le recibe afectuosamente. Le incomoda entrar en el coche con los zapatos sucios y pregunta si se los debe quitar. Kylian Mbappé acaba de llegar desde Bondy —un suburbio de la periferia parisina— para jugar un amistoso con su equipo infantil y, de paso, conocer la Ciudad Deportiva del Real Madrid. Ese fin de semana en diciembre de 2012 coincide con un Real Madrid – Espanyol y asiste al Bernabéu por primera vez. Marca Cristiano Ronaldo y el pequeño Kylian disfruta. Días después, vuelve a Francia con la imagen del estadio grabada en la retina y la idea de que su vida debía pasar por allí.

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