<strong>A este Sevilla no le da para medirse al Barcelona</strong>. Hay que decir que a pocos rivales les va a dar esta temporada con la terrible pólvora que tiene el conjunto azulgrana. Lo primero en la vida es reconocer <strong>sin vergüenza cuál es tu nivel y para qué estás</strong>. Este paupérrimo momento de fútbol sevillista en el inicio de Liga no es el suyo, o el que será en futuros meses, aunque la distancia con los que vestían de oro era como jugar <strong>hombres contra niños</strong>. A este Sevilla no le dará el martes para medirse al <strong>Manchester City</strong>. La siempre ilusionante <strong>Champions</strong> llega con un <strong>tufillo de incomodidad importante</strong>. Primero porque el grupo es duro de narices; segundo, por esa sensación de que <strong>las estrellas estorban en un calendario donde la Liga ha cobrado una importancia superlativa </strong>con marcha del equipo andaluz en la parte baja, bajísima, del campeonato. Uno de 12. Miedito. <strong>A este Sevilla no le da para competir por la cuarta plaza</strong>. O no le va a dar. No es por la distancia que ahora tiene con esa zona, puesto que quedan meses para aburrir, con el Mundial de por medio, sino porque el mal llamado pero evidente <strong>año de transición </strong>se cobrará víctimas por el camino y <strong>no hay precedentes de metamorfosis tan asombrosas</strong>. Lo que mal empieza, rara vez acaba bien. Los pulgares comienzan a pesar y la caída parece inevitable. <strong>A este Sevilla no le da porque no domina las áreas</strong>. La propia la tenía cerrada con candado gracias a ese tridente defensivo por delante de <strong>Superman Bono</strong>. Ha perdido a dos de los tres y el meta marroquí se ha dejado la capa en el armario. También normal, por otra parte. <strong>Y arriba le faltaba gol y poco se ha hecho por remediarlo</strong>. Un cedido del Niza que hizo seis goles el pasado ejercicio. A mí que me registren

