Agradeciendo un prodigio de Oblak con el pie, el único que exigió la noche a disparo de Raúl desde cerca y tras jugada de Moi que merecía mejor suerte, y pidiendo el final de forma desesperada, por más que la prolongación hubiera resultado morosa. Así acabó para el Atlético una visita de Osasuna al Metropolitano que fue un dolor de muelas desde el momento en que se tardó más de una hora, y gracias, en que la segunda línea rojiblanca, Giuliano y Almada de refresco, el primero para percutir, el segundo para resolver, espantara los fantasmas concretando el dominio.

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