A los 13 años dejó atrás las calles de Montalbán, un pueblo cordobés de apenas 4.000 habitantes, para perseguir un sueño que parecía inalcanzable. Hoy, casi tres años después de aterrizar en Vitoria después de crecer en La Fábrica y verse obligado a salir en busca de minutos, Antonio Blanco es mucho más que el motor del Deportivo Alavés. El centrocampista andaluz es uno de los capitanes, un referente silencioso que guía al equipo desde la calma y la convicción de quien sabe lo que ha costado llegar hasta aquí.

