Lo que empezó raro, termina raro. En forma de sorpresón. Dos semanas de anomalía. Tan amable como exótico el fotograma final, impensable antes de que comenzara la acción en la pista de Shanghái, donde dos primos se abrazan —el uno francés, el otro de Mónaco; 30 y 26 años respectivamente— tras el desenlace de todo un Masters 1000, la categoría de mayor relieve después de los cuatro grandes. ¿Quién lo hubiera dicho? Sin tapujos: nadie, ni siquiera el más osado. Ni mucho menos el legendario Roger Federer, testigo en primera línea de un broche inimaginable que reúne al 54º del mundo y el 204º. Circunstancial, efectivamente, pero a la vez sintomático. Lo celebra e intenta asimilarlo el campeón Valentin Vacherot. Sí, así es: Valentin Vacherot. Que levante la mano quien le conocía hasta hace dos días.

